Los principales índices bursátiles de Europa cerraron la semana en terreno negativo, arrastrados por un entorno de creciente incertidumbre internacional y tensiones que involucran a Estados Unidos y otros actores globales. El clima de aversión al riesgo golpeó con fuerza al IBEX 35, que registró uno de sus retrocesos más pronunciados en meses.
En una de las sesiones más complejas, el selectivo español llegó a caer más de 4 %, acumulando varias jornadas consecutivas de pérdidas. Los sectores financiero e industrial fueron los más afectados, reflejando la sensibilidad de los valores cíclicos ante escenarios de volatilidad externa. Al mismo tiempo, el incremento en los precios del petróleo añadió presión adicional a los mercados, intensificando la inestabilidad global.
El nerviosismo también se trasladó al mercado de renta fija. Aunque los bonos suelen actuar como refugio en contextos de incertidumbre, se observaron movimientos mixtos con repuntes en los rendimientos y ampliación de primas de riesgo, señal de que los inversionistas exigen mayores retornos ante el aumento de la percepción de riesgo. El panorama se replicó en el ámbito paneuropeo. El STOXX Europe 600 cerró con pérdidas relevantes, al igual que las principales plazas bursátiles del continente, entre ellas París, Milán y Fráncfort, que encadenaron sesiones de fuertes descensos.
La coyuntura evidencia la alta sensibilidad de los mercados europeos frente a factores externos y decisiones de política internacional. En los próximos días, los operadores estarán atentos a nuevas señales diplomáticas y económicas que puedan aportar estabilidad o, por el contrario, profundizar la volatilidad en los mercados de renta variable y renta fija.