En un comunicado emitido por su núcleo familiar, que anunció las exequias para el próximo lunes, se despidió con profundo afecto a quien denominaron “el Hombre de la Paz”. La huella de Navarro se remonta a su juventud como uno de los comandantes del M-19 que apostó por deponer las armas en 1990. Lejos de quedarse en el pasado insurgente, su liderazgo se trasladó a las urnas y a las curules, convirtiéndose en uno de los tres timoneles, (junto a Álvaro Gómez y Horacio Serpa), de la histórica Asamblea Nacional Constituyente que derogó la vieja Constitución de 1886 para dar paso a la Carta Democrática de 1991. Desde entonces, su nombre estuvo ligado a los más altos cargos del Estado: ministro de Salud, congresista, alcalde de Pasto y gobernador de Nariño.
Su temple ante la adversidad marcó los momentos más críticos del país. Cuando la violencia intentó sepultar la naciente paz de los noventa con el asesinato de su entrañable compañero Carlos Pizarro en 1990, Navarro resistió las presiones de volver a las armas y optó por enterrarlo bajo la consigna de la reconciliación, impulsado por una ciudadanía que clamaba su permanencia en la legalidad. Meses después, desafiando los pronósticos en un país tradicionalmente bipartidista, asumió como ministro de Salud del gobierno de César Gaviria, lidiando con amenazas constantes de muerte y haciendo gala de una resiliencia forjada tras sobrevivir a un atentado con granada en 1985 que le costó graves secuelas físicas, las cuales asumió siempre con una profunda filosofía de perdón.
El reconocimiento a su figura trascendió los extremos ideológicos. Desde el presidente Gustavo Petro y líderes del progresismo hasta opositores de la derecha como los exmandatarios Álvaro Uribe e Iván Duque, coincidieron en resaltar su talante moderado, su enorme capacidad para tender puentes y su disposición genuina para escuchar al contradictor. Con su partida se apaga una de las voces más lúcidas del centro-izquierda nacional, pero perdura el legado institucional que ayudó a construir para abrirle las puertas al futuro de Colombia.
Fuente: El País, 2026.
Redacción por: Vanessa Méndez